jueves, julio 02, 2015

Lectura de 2 de Julio de 2015 a las 1200 horas



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miércoles, julio 01, 2015

La vuelta a medio mundo en poco más de cuarenta días


Si en una conversación cualquiera, trivial o no, se cuela, invitado por su cuenta, el escritor francés Julio Verne, será como si nos hubieran lanzado una granada al centro de la mente que nos hará rememorar la infinidad de títulos que conforman sus “Viajes Extraordinarios”; pero, seguro que, por mayoría abrumadora, aquellos que se asomen a la punta de nuestras lenguas con más osadía sean “20.000 leguas de viaje submarino”, “De la Tierra a la Luna” o “La vuelta al mundo en ochenta días”.

Muchos nos hemos sentido atraídos por Verne, por su vasta obra y hasta por su vasto archivo, que destruyó a propósito; por un escritor que fue calificado visionario por sus coetáneos y por nosotros mismos al ver que sus “predicciones” se iban cumpliendo, aunque él lo negaba, divertido y no sin razón, pues replicaba diciendo que tan solo era alguien muy bien informado.

En el volumen intitulado “La vuelta al mundo en ochenta días”, aventura protagonizada por dos personajes inolvidables como son el estirado Phileas Fogg y su desventurado lacayo, Juan Picaporte, Verne no formula una visión tecnológica abrumadora, sino que da simple prueba literaria del avance constante y perfeccionamiento de las vías de comunicación en nuestro planeta durante el último tercio del s. XIX, en concreto, en 1873, fecha de su publicación; un momento en el que el ser humano seguía impulsando sus velas con el espíritu de la fascinación.

En el capítulo III de este pequeño y entretenido libro, los socios del Reform-Club andan un tanto alterados a causa del espectacular robo que ha sufrido el Banco de Londres y discuten entre sí sobre el destino que habría escogido el hábil ladrón para escapar con las varias miles de libras que ha echado a su saca de forma tan poco cristiana; momento en el cual Fogg (o Verne a través de su personaje) hace válida la marca temporal en la que se puede realizar semejante hazaña para el hombre moderno del s. XIX:

El honorable Gualterio Ralph no quería dudar del resultado de las investigaciones, creyendo que la prima ofrecida debía avivar extraordinariamente el celo y la inteligencia de los agentes. Pero su colega Andrés Stuart distaba mucho de abrigar igual confianza. La discusión continuó por consiguiente entre aquellos caballeros que se habían sentado en la mesa de whist, Stuart delante de Flanagan, Falientin delante de Phileas Fogg. Durante el juego, los jugadores no hablaban, pero, entre los robos, la conversación interrumpida adquiría más animación.

—Sostengo —dijo Andrés Stuart— que la probabilidad está en favor del ladrón, que no puede dejar de ser un hombre sagaz.

—¡Quita allá! —respondió Gualterio Ralph—. Sólo hay un país en donde pueda refugiarse.

—¡Tendría que verse!

—¿Y adónde queréis que vaya?

—No lo sé —respondió Andrés Stuart—, pero me parece que la Tierra es muy grande.

—Antes sí lo era... —dijo a media voz Phileas Fogg; añadiendo después y presentando las cartas a Tomás Flanagan. A vos os toca cortar.

La discusión se suspendió durante el robo. Pero no tardó en proseguirla Andrés Stuart, diciendo:

—¡Cómo que antes! ¿Acaso la Tierra ha disminuido?

—Sin duda que sí —respondió Gualterio Ralph-. Opino como míster Fogg. La Tierra ha disminuido, puesto que se recorre hoy diez veces más aprisa que hace cien años. Y esto es lo que, en el caso de que nos ocupamos, hará que las pesquisas sean más rápidas.

—Y que el ladrón se escape con más facilidad.

—Os toca jugar a vos —dijo Phileas Fogg.

Pero el incrédulo Stuart no estaba convencido, y dijo al concluirse la partida:

—Hay que reconocer que habéis encontrado un chistoso modo de decir que la Tierra se ha empequeñecido. De modo que ahora se le da vuelta en tres meses...

—En ochenta días tan sólo —dijo Phileas Fogg.

—En efecto, señores —añadió John Sullivan—, ochenta días, desde que la sección entre Rothal y Altahabad ha sido abierta en el Great Indican Peninsular Railway, y he aquí el cálculo establecido por el "Morning Chronicle".

De Londres a Suez por el Monte Cenis y Brindisi, ferrocarril y vapores 7

De Suez a Bombay, vapores 18

De Bombay a Calcuta, ferrocarril 8

De Calcuta a Hong-Kong (China), vapores 13

De Hong-Kong a Yokohama (Japón), vapor 6

De Yokohama a San Francisco, vapor 22

De San Francisco a Nueva York, ferrocarril 7

De Nueva York a Londres, vapor y ferrocarril 9

TOTAL 80.

—¡Sí, ochenta días! —exclamó Andrés Stuart, quien por inadvertencia cortó una carta mayor—. Pero eso sin tener en cuenta el mal tiempo, los vientos contrarios, los naufragios, los descarrilamientos, etc.

—Contando con todo —respondió Phileas Fogg siguiendo su juego, porque ya no respetaba la discusión el whist.

Es incuestionable que el propio Verne se sirve, para asentar los cimientos argumentales y épicos de la novela, de documentación real y publicada en diarios de su tiempo, testigos de las novedades que las ciencias aplicadas y la ingeniería permitían.

Ya a finales del año 1867, apenas cinco años antes de que “La vuelta al mundo en ochenta días” saliera de las imprentas, los diarios se hacían eco de los esfuerzos titánicos para acortar los días de viaje que separaban localidades tan distantes como Liverpool y Hong Kong, pero justo en dirección contraria a la que tomarían Fogg y Picaporte. El Nautical Magazine publicó en su día la siguiente y muy ilustrativa tabla de escalas, distancias y duración:

  • De Liverpool a Nueva York: 2.350 millas a cubrir en 10 días.
  • De Nueva York a Aspinwall (Colón, Panamá): 1.980 millas a cubrir en 7 días.
  • Paso del Istmo: 48 millas a cubrir en 1 día.
  • De Panamá a San Francisco: 3.182 millas a cubrir en 11 días.
  • De San Francisco a Yokohama: 4.761 millas a cubrir en 17 días.
  • De Yokohama a Hong Kong: 1.379 millas a cubrir en 6 días.


Lo que arroja un total de 13.700 millas a cubrir en 53 días.

Pero esto no queda aquí, por supuesto que no, ya que se aseguraba que cuando se terminase la línea de ferrocarril del Pacífico, que atravesaría los territorios del Medio Oeste americano, habría que restar entre diez y doce días a la tabla anteriormente reseñada; por ejemplo, se podría partir de Liverpool un día 1 de Abril y poner el pie en Hong Kong el 11 de Mayo del mismo año.

¡Qué años tan fabulosos debieron ser aquellos para la ciencia y la ingeniería!

Lectura de 1 de Julio de 2015 a las 1200 horas



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1 de Julio de 2015




martes, junio 30, 2015

Guardia de literatura: “Amsterdam Solitaire” de Fernando Lalana

No soy de los que gusta poner la mano en el fuego por nada ni por nadie. Por eso no afirmaré que es la primera vez que me encuentro con una obra de Fernando Lalana, veterano escritor zaragozano, especializado en literatura infantil y juvenil (más de ochenta obras a sus espaldas), pues en mis tiempos de Barco de Vapor es posible que acabara devorando alguna de sus obras.

De este libro —que cuando lo cogí de la estantería no reparé para nada en la franja de edad inicial para es que está realizado—, mi primer (y puede que último) encuentro con el detective privado Fermín Escartín, lo que me atrajo fue la sinopsis de contraportada bastante concisa y atrayente. Un gran trabajo en ese aspecto y que se extiende a los resúmenes de otras obras relacionadas en las solapas. Degusté esa especie de conjura inicial de cuatro empresarios decididos a fabricar algo extraordinario y la inclusión de los términos venganza y robo en el texto. Quizá lo que quería era volver al campo del misterio y la intriga policíaca con algo ligero; también sumergirme en los mares que crea este autor, otro individuo que ha conseguido dejar atrás el gris mundo de la báscula y la espada y se ha dedicado a crear literatura.

Sin embargo, la toma de razón de este libro, quizá no muy dirigido a un público de mi edad (a partir de 12 años), me ha dejado bastante descolocado. Apenas 201 páginas a letra bien grande que se leen en un pis-pás, divididas de forma estrafalaria en capítulos cortísimos, cercenados en otros subcapítulos cuyos títulos, en ocasiones, parecen ser de mayor longitud que el propio texto que encierran. Sin saber si es su estilo habitual o que lo veo como el carcamal que ya soy, ahí lo dejo.

Un error bastante particular que atenaza la propia narración es que se entrecruza la narración en omnisciente y en primera persona. No es la primera vez que me encuentro con esta particular forma de presentación, que no es errónea en sí, sino que lo que no cuadra es que haya dos personajes, el protagonista y uno que pasa a ser muy secundario, que narran sus respectivas partes en primera persona. Que Fermín Escartín lo haga tiene su lógica, pero no Carlos Martínez, cuya participación (y narración propia) es casi anecdótica.

Respecto a la trama en sí, el interés que provoca el anhelo de crear algo único y la perspectiva de resolver un robo que se presenta como imposible, mantiene al lector en su sitio, pero es una auténtica lástima que Escartín, un tipo con una muy pobre opinión de sus capacidades detectivescas, resuelva el asunto en cara y media tras una ducha. Demasiado simple y una investigación nula que empobrece la experiencia de la lectura.

Año: 2011
Editorial: Bambú (Grupo Ed. Casals)
Resumen: Pese a las impresionantes medidas de seguridad que la rodean, alguien consigue robar la "Amsterdam Solitaire", la estilográfica más cara del mundo, la misma noche de su presentación mundial en Zaragoza.
ISBN: 978-84-8343-128-3
Edad: Desde 12 años
Ilustrador: Sin ilustración
Género: Intriga
Colección: Exit DETECTIVE FERMÍN ESCARTÍN

Lectura de 30 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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30 de Junio de 2015





lunes, junio 29, 2015

Un general Concha de mimbre



El pasado miércoles se publicó en la web Historia Rei Militaris, en su sección Blog, un pequeño artículo nacido de una curiosidad encontrada de casualidad. Todos hemos admirado o pasado de largo delante de estatuas de bronce, mármol y otros materiales, pero, ¿qué sucedería si nos cruzásemos con una estatua de mimbre del general Concha? Pues con algo semejante se maravillaron no pocos madrileños en 1852.

Lectura de 29 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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29 de Junio de 2015




viernes, junio 26, 2015

Lectura de 26 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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jueves, junio 25, 2015

"Mucho Mejor (Hace Calor)"



Los Rodríguez

Lectura de 25 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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25 de Junio de 2015






miércoles, junio 24, 2015

El bulo del SS Cotopaxi


El SS Cotopaxi en sus días de felicidad
Las mentiras son capaces de hundir sus raíces tan hondo en la fértil tierra de la Historia que, una vez asentadas, son imposibles de arrancar. Lo malo es que tienen el poder suficiente como para ponzoñar todo lo que tocan e, incluso, atacan con ferocidad inaudita cualquier verdad que trate de germinar a escasa distancia de ellas.

La llegada de Internet, las mentiras, abonadas con el rico compost de nuestras lenguas e ignorancia supina, ha provocado que crezcan vigorosas como especie invasora y que cualquier ejemplar, por minúsculo que sea, dé pábulo suficiente a corrillos de ociosos y no tanto. Incluso ahora se han colocado a la palestra portales en los que se difunden noticias totalmente falsas sin ninguna vergüenza. Aunque lo vergonzoso es que haya tanto crédulo repartido por la superficie de nuestra canica azul que ayuden a su perpetuación.

Hace tan solo unas semanas comenzó a correr por este mundillo nuestro de Internet, en concreto por los callejones del Misterio, una noticia bastante novelesca, muy de Clive Cussler, y que tan solo se queda en eso, porque hay que ser muy ingenuo para darla por cierta; sobre todo porque el artículo original fue publicado en World News Daily Report, web de sobra conocida por sus bulos. Dicha noticia hace referencia a la reaparición de un buque mercante perdido en el área del Triángulo de las Bermudas el 1 de Diciembre 1925: el SS Cotopaxi*1. Dicho navío forma parte de nuestro imaginario colectivo porque es el protagonista de una de las escenas más brillantes y espectaculares de la mítica “Encuentros en la Tercera Fase”, en pleno desierto del Gobi (aunque del Cotopaxi tan solo tenía el nombre).

Pero esta reaparición en 2015, noventa años después de su pérdida, dista mucho de ser un gesto criptográfico de unos simpáticos Grises. La noticia hace mención a que el pasado 18 de Mayo de 2015, los Guardacostas cubanos se toparon en sus aguas territoriales con un navío a la deriva que no respondía a sus llamadas de advertencia. Dicho buque aparentaba estar abandonado por su estado de decrepitud y fue identificado al día siguiente como el Cotopaxi, en navegación errática hacia el Oeste de La Habana, entrando en un área militar restringida. Debido a la inexistencia de contactos con la nave, se trató de interceptarlo por medio de tres lanchas, siendo abordada por un trozo de abordaje, que la halló sin tripulación y que, ahí es nada, recuperó el diario del capitán.

A los dos días, como si tal cosa, el Cotopaxi se esfumó delante de los guardacostas cubanos por lo que parece un efecto de ceguera colectiva. 

Bulo ingenioso y novelesco y punto.

El Cotopaxi en "Encuentros en la Tercera Fase"
Lo único cierto es que la nave, propiedad de la Clinchfield Navigation Co, zarpó el 29 de Noviembre de 1925 del puerto de Charleston (Carolina del Sur) con destino a La Habana, con un cargamento de 2.340 toneladas de carbón, tripulado por treinta y dos hombres a las órdenes del capitán W. J. Meyer; y que el 1 de Diciembre lanzó al éter una llamada de auxilio informando de que hacia agua, siendo dado por hundido y perdido con toda su tripulación el 31 de Diciembre al no reportarse su presencia en ningún puerto ni habiéndose comunicado a las capitanías el auxilio a ningún buque de tales características.

El juego al que se ha prestado involuntariamente el humilde Cotopaxi es al de alimentar más la desaforada mítica del Triángulo de las Bermudas, ahora disfrazado a la fuerza de Holandés Errante; algo que no le hace ningún favor al mundo del Misterio. Pero, sabiendo que la noticia es falsa, ¿podríamos encontrarnos con algo semejante en el plano real?

Las noticias sobre barcos abandonados y dejados a la deriva no son nada fuera de lo corriente. Muchos se deben a situaciones de fuerza mayor, como la de aquel pesquero nipón que el tsunami que asoló Japón en 2011 dejó sin gobierno ni tripulación, tan solo con un pasaje compuesto por cientos de ratas, que se iba acercando inexorablemente, siguiendo las corrientes, a las costas estadounidenses. Pero, repetimos, ¿podría un buque como el Cotopaxi surcar los mares durante años y aparecer de repente? La respuesta breve es NO. La larga (con el lastre de nuestro propio desconocimiento científico), viene a continuación.

Cualquiera que se haya paseado por un puerto de mar conoce de las desagradables consecuencias de la oxidación acelerada que tal medio produce en los metales. Tomando como propias las palabras de mi padre, antes los automóviles comenzaban a sufrir dichos efectos a los dos años y nadie, absolutamente, nadie, quería comprar un coche de segunda mano que hubiera estado cerca del salitre porque no sería otra cosa que un queso Gruyére con ruedas. 

Respecto a los barcos en sí, son de sobra también su debilidad ante la oxidación. Sus cascos metálicos se van enrojeciendo, siendo los primeros síntomas el feo “orín”, cuya naturaleza no le parecía constar al periodista que escribió con sorna, y desde su total falta de letras y luces, que las recién entregadas fragatas F-100 se estaban oxidando y pudriendo. Nada se puede hacer contra la Naturaleza, salvo luchar. Pero del orín, que proviene del contacto de dos metales diferentes, pasamos a capas irregulares y grumosas que se van desprendiendo hasta crear agujeros por los que, si es el caso, permite la entrada de agua y condena al buque para siempre.

En un mundo en el que casi todos los elementos tienden a alcanzar cierta estabilidad, el óxido de hierro es el fruto del intento que realiza el propio hierro por estabilizarse al combinarse con el oxígeno ambiental. Dicho proceso se acelera si añadimos a la ecuación la sal disuelta en el agua de mar y la propia fricción del barco en movimiento, produciéndose un vertiginoso efecto electroquímico.

El agua salada actúa sobre los metales como un electrolito. Me explico: como un líquido en el que flotan diversas cargas eléctricas y que hace circular a los electrones libres. Siendo que los metales poseen una tendencia, según el tipo, a ganar o perder electrones (“potencial electroquímico”), el agua de mar se presta como la perfecta fiesta sin fin para los electrones.

La estabilización del hierro y otros metales en combinación con el oxígeno disuelto en el agua y en el aire, como ya adelantamos antes, supone la creación de una capa de óxido, la cual protege, en primera instancia, el interior mismo de las láminas o planchas del buque, deteniendo la acción electroquímica, pero dicha capa de óxido es tan quebradiza que terminará por caerse poniendo al descubierto más material que quiere estabilizarse, y de ahí a tener unos agujeros por los que entrarán nuestros puños solo hay un paso.

Volviendo a la pregunta, ¿el Cotopaxi, con noventa y tantos años a sus espaldas, sin ningún mantenimiento, podría seguir estando a flote y a la deriva? Creer que la respuesta es sí, es colgarse alegremente el cartel de ingenuo, ya que el navío, si hubiera sido abandonado por la razón que fuera y estuviera en condiciones de mantener la flotabilidad hace noventa años, tarde o temprano terminaría sucumbiendo a la propia acción de la oxidación y se habría hundido. ¿Acaso tenemos que remitir a alguien a la sección del Coleccionista de pecios?

Está muy bien tener la mente abierta y querer maravillarse, pero no hay que pasarse, señores, no hay que pasarse de la rosca y mucho menos enlazando noticias para estúpidos.

Lectura de 24 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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24 de Junio de 2015








martes, junio 23, 2015

Guardia de cine: reseña a “Rambo III”

Título original: "First Blood, part III". 1988. 102 min. USA. Color. Dirección a cargo de Peter MacDonald. Guión a cargo de David Morrell, Sylvester Stallone y Sheldon Lettich. Elenco: Sylvester Stallone, Richar Crenna, Marc de Jonge, Kurtwood Smith.

Dejad de reavivar vuestro recuerdo con respecto a lo visionado en las dos primeras entregas, pues lo que ahora está arrullado entre nuestra manos ahuecadas poco o nada tiene de relación con el discurso original de “Rambo. Cambiamos radicalmente de escenario. Nos trasladamos a los agrestes y polvorientos valles de Afganistán y quien necesita ayuda es el coronel Trautman, que ha sido capturado por fuerzas soviéticas.

En ningún recodo hayamos vestigio alguno de Vietnam salvo en una ocasión y de pasada, pues la cinta es un poco disimulado elogio para el pueblo afgano en pie de guerra contra el invasor ruso (no obstante, el filme está dedicado al valiente pueblo de Afganistán). Pretende provocar cierta empatía en el espectador para que admite y apoye sin ambages ni condiciones a los mujahideen que, con armas del Pasado, se enfrentan a un oso mecanizado y letal; despertar de su letargo al consumidor occidental para que deje de ver esa guerra como algo lejano, carente de importancia, un apunte más en el noticiario del día. Incluso el propio Rambo es identificado con esa sociedad durmiente cuando el pobre hombre ha encontrado al fin un remanso de paz junto a unos monjes budistas en Tailandia y ha enterrado toda intención de regresar al campo de batalla. Las duras instantáneas que le entregan para convencerle no le descompasan los latidos del corazón (obvio, pues de cosas así ya se hartó de ver en Vietnam). Pero cuando es el coronel Trautman quien acaba con sus huesos en un insalubre celda de un fuerte soviético, Rambo se encamina de nuevo hacia el infierno, vía Peshawar, momento en el que da comienzo una lección a marchas forzadas sobre historia, cultura y tradiciones de un pueblo que ha frenado en seco el avance de varios imperios a lo largo de los siglos, a la par que se nos muestra, con sutil brutalidad y buscando un impacto visual en lo más recóndito del subconsciente, los efectos de una guerra sobre la población civil. A este respecto destaca la escena en la que Rambo se encuentra con su contacto en la propia Peshawar, en una tienda de prótesis ortopédicas: “Se venden muy bien en Afganistán”.

Siendo elogiable el esfuerzo por mostrar el dolor y valor del pueblo afgano en una guerra que sería conocida por el sobrenombre de “Vietnam soviético”, en la que los rusos dejaron idéntica o peor impronta que los americanos en el sudeste asiático, en ocasiones el filme adolece de cierta estructura de folleto meramente propagandístico al uso para ensalzar a los luchadores por la libertad, a los mujahideen; algunos de los cuales, expulsado el oso invasor, abrazaron la causa talibán y el radicalismo islámico ayudados por agentes externos como el saudí Osama bin Laden; siendo que, veinticinco años después, el territorio sigue desfalleciendo por exsanguinación y por las minas terrestres soviéticas, en un clima insoportable de guerra civil entre soldados de la Yihad.

Otras carencias que se aprecian en el metraje es la reiteración de elementos en la estructura narrativa que ya fueron vistas en “Rambo II, con huida, caza de enemigos y enfrentamiento final, por ese orden, no aportándose ni una sola pizca de originalidad por debajo de la espectacularidad propia de las escenas de acción; a lo que hay que sumar, una vez más, la prodigiosa capacidad del protagonista principal de salir medio ileso de choques que habrían hecho papilla a cualquier humano. Por último, no termina de convencer la inclusión de un persona infantil-juvenil que, aunque así se da cuenta de la existencia de niños-mujahideen cuyo sacrificio es horrendo, su participación en el argumento, tal y como se plasma, tan solo aporta a la acción de un tinte ñoño prescindible.

Película en ocasiones lineal, momentos en los que invita al bostezo, hasta que nos despabila de un golpe. Un notable descenso de calidad respecto las anteriores a pesar de todo lo bueno que tiene y del despliegue que se lleva a cabo.

Lectura de 23 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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23 de Junio de 2015



lunes, junio 22, 2015

Lectura de 22 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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viernes, junio 19, 2015

Amanda Harrington vuelve a visitarnos


19 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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jueves, junio 18, 2015

"Dream On"



Pues sí, Aerosmith también hizo de las suyas con filarmónica incluida, a cargo de Michael Kamen.

Lectura de 18 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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miércoles, junio 17, 2015

La relación de “Los Simpsons” con el desastre del Challenger de 1986


Homer haciendo de las suyas con sus patatas fritas, escamoteadas a bordo
La serie de televisión “Los Simpsons”, especialmente en sus primeras diez temporadas, se concibe como una generosa cornucopia cargada de referencias culturales norteamericanas que no se limita a ciertos acontecimientos históricos o musicales. El amplio dédalo de episodios forma un inigualable fresco social que hasta permite que hallemos, entre sus divertidos argumentos, material para El Navegante del Mar de Papel.

Si tuviéramos que hacer un ránking personal en el que figuraran nuestros capítulos favoritos, creo que nunca faltaría “Homer en el espacio exterior*1, en el que seremos testigos de cómo Homer es reclutado por la NASA para relanzar la popularidad del programa espacial sirviéndose de civiles normales y corrientes. Aunque resulte difícil de creer, la premisa de esta tronchante trama que lleva al singular springfieldiano al espacio exterior se basa en hechos reales acontecidos durante la Administración Reagan.

La llegada del Apollo 11 a la luna en 1969, solo unos meses antes de que los soviéticos estuvieran listos para enviar su propia misión, supuso para la ciudadanía y las administraciones de ambos bloques enfrentados una pérdida de interés por el espacio. Había problemas más acuciantes y bien es cierto que este anhelo por cumplir el sueño más profundo del hombre desde que se atreviera a contemplar el cielo, alcanzar las estrellas, había dejado las arcas públicas bien agotadas.

Fotografía oficial de la astronauta-maestra Christa McAuliffe
Cuando Ronald Reagan se hace con la presidencia de los EEUU en 1981, el exactor se propone un ambicioso plan para ahogar económicamente a la URSS, embarcada en titánicos proyectos militares y civiles que siempre finalizaban con la coletilla “más grande del mundo” (véase, por ejemplo, nuestra entrada dedicada al SSV-33 Ural). Reagan sabía que la economía de la superpotencia antagonista se encontraba rayana a la bancarrota y que la única forma de arrojarla por el precipicio era hacerla despilfarrar cantidades ingentes de dinero en un vano intento de colocarse en igualdad de condiciones a su enemigo capitalista. De ahí devienen proyectos como “Star Wars”, el escudo antimisiles en Europa y otros tantos de carácter militar que llevaron a que el ciudadano medio norteamericano (dos de cada tres) que se paseaba por las avenidas de Nueva York, Palm Springs o Cleveland en 1983 estuviera más que convencido de que la guerra termonuclear estallaría en menos de un año. Curiosamente, por dicha razón, la economía doméstica estadounidense pasó de ser la más saneada del mundo a una de las más endeudadas, pues la gente quería vivir a tope. Así nació un consumismo feroz que dejó huella en la década de 1980 con un derroche a todos los niveles y cuyas consecuencias las estamos viviendo en la actualidad con la tan cacareada crisis económica mundial. Y es que el hongo nuclear podría rasgar el horizonte en cualquier instante y no había porqué pensar en el mañana.

La premisa, o premonición, de Reagan era simple: la amenaza de un enemigo superior obligaría a la URSS a empeñar más de lo que nunca tuvo hasta que se colapsase. Todos sabemos desde hace veinticinco años que llevaba razón.

Pero no todo iba a ser una carrera armamentística nuclear que provocara ese holocausto irremediable que las cintas de ciencia-ficción anunciaban desde hacía más de dos décadas. También había un lado amable y de prosperidad. Reagan quería relanzar el programa espacial de la NASA, acercarlo de nuevo al ciudadano, cansado ya de esa línea propia de los sesenta y de tanto achuche fiscal en busca de un futuro con coches que volaban que ya no vendría. Y la Casa Blanca lo tuvo fácil: colocar en órbita gente corriente y moliente, sin preparación militar previa y que no formaban parte del grueso del NASA Astronaut Corps*2, para unirse a las tripulaciones de los transbordadores Columbia y Challenger. La intención era que esos afortunados, tras vivir la experiencia, la difundieran en sus comunidades para alentar el espíritu y necesidad de que la bandera de las barras y estrellas siguiera ondeando en el espacio y, también, de un mayor desarrollo tecnológico en beneficio de la Humanidad (no obstante, se reconoce a Reagan el mérito de ser uno de los precursores de la Estación Espacial Internacional (ISS)).

Y de entre los diferentes sectores civiles había uno que podía dar mayor impulso a los deseos de Washington: el profesorado. Estos tripulantes civiles podrían difundir su inigualable experiencia entre sus alumnos y se produciría un efecto en cadena que alcanzaría a toda una generación. Las charlas de fornidos astronautas en los salones de actos de los colegios estaba bien, pero eran personas que estaban “por encima” de todos los demás. Los asistentes se sentían abrumados ante semejantes Perseos; hacía falta alguien más de carne y hueso.

Así es como nació el Teacher In Space Project, siendo la primera astronauta civil en superar las pruebas la maestra de Concord (New Hampshire) Christa McAuliffe, escogida el 18 de julio de 1985 entre más de once mil aspirantes*3 y quien formaría parte de la tripulación del vuelo STS-51-L*4 del transbordador Challenger que tenía programado su lanzamiento el fatídico 28 de Enero de 1986.

Una imagen imposible de olvidar
Creo aquí que todo el que tuviera los ojos puestos en la televisión durante aquellos días y contara con suficiente memoria, recordará como a los 73 segundos de vuelo, a 48.000 pies de altura, el Challenger estalló formando esas dos terribles columnas de humo.

Una de las mayores, sino la que más, desgracias del programa espacial.

Aunque se mantuvo el proyecto Teacher In Space en vigor hasta 1990*5 y el deseo de que la segunda finalista, Barbara R. Morgan, fuera puesta en órbita, lo cierto es que esta mujer no conseguiría viajar al espacio hasta el 8 de agosto de 2007, veintidós años después de ser seleccionada.

Los Simpsons”, en un capítulo en el que se encuentran multitud de guiños a “2001: una odisea del espacio”, “Alien”, “Star Trek: espacio profundo nueve” (en el título) o “El planeta de los simios”, también pretende homenajear, con su particular sentido del humor, un proyecto digno de mérito, que no tuvo peor y más trágico comienzo, aunque con el buen tino de conseguir que sus tripulantes regresen sanos y salvos a casa.

Lectura de 17 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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martes, junio 16, 2015

Presentación de “Historias de la Marina Mercante española. Vol II” en Madrid



El día de mañana, 17 de Junio del corriente, es el escogido para la que el segundo volumen de “Historias de la Marina Mercante española” sea presentado en la sede de la Real Liga Naval Española, sita en c/ Mayor, nº 16 de Madrid.

El acto dará comienzo a las 1900 horas y será presidido por D. Juan Díaz Cano e intervendrán los padres de la criatura, entre los que está nuestro inestimable Roberto Hernández, el Ilustrador de Barcos.

Desde aquí no solo hacernos eco de esta interesante presentación, sino darles nuestro apoyo y desearles suerte para mañana.

Lectura de 16 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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lunes, junio 15, 2015

Sabiduría de viejo lobo de mar (11)

Con la Mujer y con la mar hay que saber navegar.

Lectura de 15 de Junio de 2015 a las 1200 horas



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viernes, junio 12, 2015

Volvemos a deslumbrarnos con la sonrisa de Tessa Fowler


12 de Junio de 2015 a las 1200 horas



  • Barómetro: 752,5 (Variable). Estratocúmulos
  • Termómetro: 21,5º
  • Higrómetro: 39%