viernes, diciembre 30, 2016

Adiós. Adiós 2016


Me encuentro escribiendo este último y postrero post del año con los 36 años recién cumplidos y metidos en el cuerpo; viviendo ese breve y confuso pasaje temporal en el que se duda a la hora de completar un formulario en el que se me exige la edad o alguien, sin venir a cuento o tener mejor cosa en la que gastar saliva, trata de ahorrarse la prueba del Carbono 14 con un servidor. Ahí estoy.

Y tras gimotear un poco por las esquinas y arañarme la cara, tras percatarme una vez más que comienzo ya a amarillear entre las páginas de mi vida, escribo estas líneas con la única y sanísima intención de dar fuerte portazo y sisear un «adiós y no vuelva, señor mío» para quedarme bien a gusto. Podría incluso derrochar ese verbo barriobajero que me ronda la lengua, pero voy a refrenarme. Las cosas con mesura, orden y método.

Con ese «señor mío» me refiero al año aciago y retorcido 2016 que no es que nos haya dejado huérfanos, sino más bien desnudos, en cueros, de referencias culturales. El muy cabrón (al final me ha salido un taco, aunque finísimo donde los escuche uno) nos ha abandonado en mitad de una glacial ventisca, donde la soledad es más marcada, a merced del horror blanco de un libro cuyo contenido se va borrando.

La lista de pérdidas es larga, tanto como para dar sombra más allá del pesar.

Y este 2016 fue un año en el que me propuse hacer grandes cosas. Ya sabéis, las típicas tonterías vomitadas bajo la sugestión alcohólica del Año nuevo (o por una intoxicación por los efluvios que manan de tanto adorno y artículo de broma Made In China), pero que en mi caso no son del tipo ir al gimnasio, hacer dieta, aprender inglés o mandar un currículo al Cirque du Soleil: quería cumplir magnos proyectos pero, para mi desgracia, tan solo he llegado a ponerme malamente de puntillas y me he golpeado la cabeza contra un duro techo construido a base de paletadas y paletadas de molicie y pereza indómitas. Aún relampaguea el dolor cuando me acaricio la zona dañada.

2016 ha sido un año triste que no ha llegado siquiera a florecer. Se ha quedado en una planta marchita, fea y pocha, cubierta de llagas y desapariciones. Quizá el cambio al 2017, aunque sea por meros efectos fiscales y anímicos, más que naturales, permita que el calor penetre en las capas frías de nuestra piel y nos obsequie con motivos para crecer, florecer en definitiva. Para que el invierno huya despavorido y amedrentado de nuestro corazón.

Por todo ello, desde ENMP os deseo lo mejor para este 2017 a punto de nacer. Más luz y fuerza.

Lectura de 30 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 763 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 8º
  • Higrómetro: 51%

jueves, diciembre 29, 2016

«Dog And Butterfly», Heart



There I was with the old man
Stranded again so off I'd ran
A young world crashing around me
No possibilities of getting what I need
He looked at me and smiled
Said "No, no, no, no, no child.

See the dog and butterfly. Up in the
Air he like to fly." Dog and butterfly
Below she had to try. She roll back down
To the warm soft ground laughing
She don't know why, she don't know why
Dog and butterfly

Well I stumbled upon your secret place
Safe in the trees you had tears on your face
Wrestling with your desires frozen strangers
Stealing your fires. The message hit my mind
Only words that I could find
See the dog and butterfly
Up in the air he like to fly
Dog and butterfly below she had to try
She roll back down to the warm soft ground
Laughing to the sky, up to the sky
Dog and butterfly

We're getting older the world's getting colder
For the life of me I don't know the reason why
Maybe it's livin' making us give in
Hearts rolling in taken back on the tide
We're balanced together ocean upon the sky

Another night in this strange town
Moonlight holding me light as down
Voice of confusion inside of me
No begging to go back where I'm free
Feels like I'm through
Then the old man's words are true
See the dog and butterfly
Up in the air he like to fly
Dog and butterfly, below she had to try
She roll back down to the warm soft
Ground with a little tear in her eye
She had to try, she had to try
Dog and butterfly

Lectura de 29 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 763 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 8,5º
  • Higrómetro: 51%

martes, diciembre 27, 2016

Guardia de literatura: reseña a «Viaje al Punjab y Cachemira», de M. Guillaume Lejean

«Le Pundjab et le Cachemir»
Ediciones del Viento. A
Coruña. 2011
134 páginas
ISBN 978-84-96964-68-6
Un viaje durante los primeros años de la administración inglesa del área Noroeste de la India, que nos permite adentrarnos en las últimas tierras conquistadas por Alejandro Magno y en la deseada Cachemira. Lejean aporta literatura a su narración, salpicada de datos, engarza a su texto leyendas locales y anotaciones de historiadores de la Antigüedad y viajeros famosos que hubieran puesto pie en los mismos caminos que él; sin embargo, no llega a saciar nuestra curiosidad como lectores del s. XXI

En su día fui un gran aficionado a los documentales de viajes. Los devoraba con la impaciencia propia de un carroñero famélico, pues encontraba en los mismos una generosa ventana abierta aL mundo y a lugares que, probablemente, nunca conoceré de otra manera. Sin embargo, llegó la aciaga tarde en la que topé con la cruda realidad al presenciar cómo una de las presentadoras-viajeras de Lonely Planet tomaba tierra en España y comenzaba la pesadilla. La ración de callos de tópicos y barbaridades propias de un anglosajón fue tal que hizo replantearme todos mis gustos al respecto, así como los conocimientos adquiridos por medio de programas anteriores, pues también pude (como si hubiera duda de ello) haber absorbido paladas de tópicos y barbaridades respecto a otros puntos diversos del globo; no digamos ya cuando se cierra ese episodio en particular con la muchacha mostrando su gran arte a la hora de entonar unas sonoras arcadas al no poder con un trocito de oreja de cerdo porque le parece terriblemente asqueroso (curioso cuando es esta misma mujer la que en un país del Sudeste asiático (no pongo mi mano sobre el fuego, pero creo que era Filipinas), no tuvo el menor reparo a la hora de degustar golosamente el embrión de un ave).

Los libros de viajes pueden adolecer de estas vulgaridades, incluso aquellos que han llegado a nuestros días con salud y por interés de algún preocupado editor; siendo su edad dorada el s. XIX, momento en el que cientos de occidentales se lanzan a la conquista de los sentidos en los más exóticos mapas y que en no pocas ocasiones tildarán al nativo de vago, inculto y maloliente a modo de desprecio en relación al semidiós hombre blanco, aunque en las civilizadas calles europeas y norteamericanas abundara la vagancia, la ignorancia y todo desconocimiento respecto a los beneficios de la higiene corporal.

El geólogo y explorador francés Guillaume Lejean (1828-1871) fue uno de tantos traseros inquietos e ilustrados de la paralizante alta sociedad europea que quiso romper las fronteras de las metrópolis y adentrarse en los terrenos enfangados donde los florecientes imperios occidentales señoreaban sin mucha seguridad y poco experiencia. Su última obra sería la traslación de este viaje al Punjab y Cachemira, aunque su intención originaria fue la de alcanzar el Himalaya y las áreas al Norte de Cachemira, adentrándose en las Seis Ciudades y en la Bukaria, pero se topó con serios inconvenientes, pues el calor en la zona se disparó y no por la llegada de la estación seca, sino por el estallido de hasta cuatro guerras que lo cercaron por los cuatro vientos.

Lejean aporta literatura a su narración, salpicada de datos, sobre todo del coste de los transportes y alojamientos, notas en las que se entremezcla el deseo de ofrecer una obra atractiva al lector acomodado, pero también de relatar cuantos detalles sean posibles.

El libro da comienzo en Karachi el 13 de Mayo de 1864 y lo frustrante de esta primera nota es que terminaremos sabiendo que la del Punjab y a Cachemira será la última escala de un largo viaje que ha llevado a Lejean por buena parte de Oriente, por lo que acabaremos teniendo un mal sabor de boca o la idea de que nos falta una parte importante de la historia que nos quiere contar. Eso sí, Lejean pronto se mostrará a los ojos del lector como un ferviente defensor de la administración colonial inglesa en la India, a la que no le ve defecto alguno y hasta rompe lanzas a favor de los funcionarios, no encontrando a ninguno que fuese perezoso o incompetente, en claro contraposición a sus homólogos de los principados independientes indios. Incluso se permite la perla de afirmar que si los súbditos de los reyezuelos de los países vecinos conocieran las bondades del régimen inglés, correrían a sus brazos; pero no nos debemos obcecar con dicho punto de vista, pues no es que Lejean cante alabanzas de una política colonial e intervensionista sin mácula, no llega a tanto, pues sabe que no siempre es eficaz o justa, pero que sí lo será respecto a las dictaduras y monarquías absolutistas que reinaban en las faldas de las cordilleras del Himalaya, a los soberanos ungidos por el poder de las armas y que aprieta sin cesar a su famélico pueblo para que los impuestos engrandezcan sus palacios y sus harenes, mientras los campesinos apenas tienen qué llevarse a la boca en un país sin carreteras en condiciones ni ningún otro servicio público.

Lejean engarza a su texto leyendas locales, hazañas de Alejandro Magno y anotaciones de historiadores de la Antigüedad y viajeros famosos que hubieran puesto pie en los mismos caminos que él, lo cual a veces se ve como un rico condimento y, en otras, como una señal de agotamiento o pereza del autor en sus descripciones. Fuera como fuese, la narración termina siendo un tanto decepcionante pues el propio Lejean no deja de encontrarse con puertas cerradas, debiendo deshacer camino o tomar otras alternativas menos interesantes para su trabajo de estudio de las diversas razas de la zona; siendo su mayor pesar el no llegar a conocer a individuo alguno de la tribu o etnia de los siahpoch, una raza aria de rostro y complexión, parecidos a los europeos, y eso que se trata de servir de toda su inteligencia para ello.

Junto con descripciones de valles, montañas, fortalezas y ríos, se hace otro tanto con las costumbres, oficios, políticas, guerras y ciudades, siendo que, respecto a las últimas, Lejean no se deja ver mucho por los barrios populosos de las mismas y prefiere las comodidades de los nuevos barrios ingleses, así como sus bibliotecas y museos; tan solo calmando nuestra sed con pequeñas excursiones, sin mayor fundamento, a alguna ruina mogola, budista o musulmana que encuentre por los alrededores, devorada por la Naturaleza.

Su último capítulo lo dedica a desgranar unos datos sobre los territorios que tenía Lejean en mente visitar pero que le fue del todo imposible; una zona realmente peligrosa y en la que nos refiere recientes acontecimientos de la instauración durante tres meses de un régimen idéntico a DAESH, pero en pleno s. XIX, encabezado por una tal Vali Kan. Lejean, aunque no discute la superioridad religiosa del Islam, tacha acertadamente al mismo como de credo más proclive para servirse de herramienta o instrumento para la barbarie, el fanatismo y la ignorancia.

El texto, aunque literario y ricamente ilustrado, no resulta del todo atractivo a medida que vamos desenmarañándolo. El comienzo llega a ser inspirador, cargado de esencias, pero dicho estado alterado pronto se disipa y el lector encuentra unos párrafos costosos de terminar, no llegándole a terminar de enganchar, quizá porque Lejean no es capaz de saciar la curiosidad de alguien que se preste a la lectura de su obra cuando todo lo que éste ha descrito prácticamente ha desaparecido.

Lectura de 27 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 763 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 10º
  • Higrómetro: 51,5%

jueves, diciembre 22, 2016

«Big City Life», Mattafix



Big city life,
Me try forget by,
Pressure nah ease up no matter how hard me try.
Big city life,
Here my heart have no base,
And right now Babylon deep on me case.

People in a show,
All lined in a row.
We just push on by,
Its funny,
How hard we try.

Take a moment to relax.
Before you do anything rash.

Don't you wanna know me?
Be a friend of mine.
I'll share some wisdom with you.
Don't you ever get lonely,
From time to time
Don't let the system get you down

[Chorus]

Soon our work is done,
All of us one by one.
Still we live our lives,
As if all this stuff survives.

I take a moment to relax,
Before I do anything rash.

[Bridge]
The Linguist across the seas and the oceans,
A permanent Itinerant is what I've chosen.
I find myself in big city prison, arisen from the vision of man kind.
Designed, to keep me discreetly neatly in the corner,
You'll find me with the flora and the fauna and the hardship.
Back a yard is where my heart is still I find it hard to depart this big city life.

[Chorus]

Lectura de 22 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 761,5 (Variable). Encapotado
  • Termómetro: 11º
  • Higrómetro: 51%

martes, diciembre 20, 2016

Guardia de cómic: reseña a la novela gráfica «Fire», de Brian Michael Bendis

PLANETA DE AGOSTINI
Barcelona. 2005
108 páginas
ISBN: 84-674-1402-2
Una historia narrada en primera persona por un asesino al servicio de la seguridad nacional o algo más allá. Una obra con sus luces y sombras 

Ésta es la historia de Ben, contada por él mismo. Más bien, escrita con pulso firme. Resumida en un buen fajo de folios que terminarán en las manos de un periodista de la capital, por la simple y llana razón de que alguien ha de destapar el cubo de la basura. La historia de un chico joven, sin familia, cuya desaparición no provocaría inquietud alguna, pues nadie preguntará por él; una sombra, un modelo ideal; alguien a quien tentar con las mieles de un servicio dudoso y que se desvive por sostener el equilibrio mundial, de fuerzas o lo que se tercie.

Ben es asaltado un buen día por D. D., una hermosa y cautivadora mujer, un señuelo. Un encuentro fortuito en una de las salas de un museo de arte cualquiera que resulta ser el primer contacto directo de Ben con el grisáceo mundo en el que éste se sumergirá conscientemente, incluso de forma exultante, en un punto temporal no determinado durante el mandato presidencial de Ronald Reagan.

Pero que nadie se exalte al leer la reseña equívoca en la portada del volumen, pues es incierto que estemos ante un relato de espías. No. Por mucho que se haya una referencia nada discreta a «El espía que surgió del frío” y a que incluso Ben acabe adquiriendo ciertos detalles personales del protagonista de la obra que catapultó al éxito y fama mundial a John le Carré, ésta no es una historia de espías, sino de operativos especiales, comandos K o algo inferior (sí, inferior) que realizan “entregas” y que asesinan sin remordimientos: la de un hijo legítimo del “Proyecto Fire”, que se irá torneando con paciencia, haciéndose a fuego lento, a lo largo de dos años a contar desde su reclutamiento; un elemento que es prescindible a la primera de cambio, en cuanto su simple existencia sea una molestia intolerable o no haya otras misiones que encomendarle pues la extensa, peligrosa y enmarañada tela de araña se ha roto.

La novela que firma Bendis, tanto al guión como a los lápices y pinceles, implosiona gracias a su propia fuerza. Los diálogos (centrémonos en ellos, pues el argumento carece de originalidad, dejemos esto bien claro) son densos, naturales y “rabiosos”. Un texto sobrealimentado en el buen sentido, pero eso no lo libra de cargar con estigmas o, al menos, de lucir una profunda cicatriz en el rostro.

La novela se queda corta, algo que termina pagando la propia historia, arruinándola. Aunque cierra un círculo, digamos, perfecto, es de escaso desarrollo más allá de unas pocas escenas en las que el protagonista, ya agente con todas las de la Ley, acaba en el fondo de su espiral de autoconmiseración, quemado a todos los niveles, sin apenas saber el lector nada.

Hasta el día presente no había tocado un solo libro de este escritor y dibujante (por desconocimiento, desidia, falta de tiempo… ¡Hay tantas excusas tan a mano como tristes!), pues el señor Bendis es toda una celebridad, un peso pesado del mundo de la banda diseñada. He ojeado sus otros volúmenes y comprobado que éste es su estilo habitual: resulta perturbador enfrentarse a unas viñetas tan pobladas de cartelas y bocadillos que se van uniendo (cuando no embrollando) en un convoy interminable cuyos enganches no son todo lo firmes que se desearía. La culpa, la asumo, es mía en exclusiva (ha de serla), pues me he dejado engatusar por obras de menor recorrido textual y bragas más fáciles de bajar. Un guión como el de «Fire» fluye como un torrente salvaje desde los labios de los protagonistas y secundarios, dejándome traspuesto. Sin embargo, excusas una o mil aparte, en más de una ocasión tuve dudas acerca del orden de lectura de ciertas viñetas y no digamos ya de los bocadillos, no presentándose una la labor muy intuitiva.

Por otro lado, contamos con el contenido de las propias viñetas; escenas moribundas con sobredosis de sombras y entintado. Sin lugar a dudas, Bendis cada vez que prepara una obra hace feliz y rico al vendedor de rotrings y tinta china del barrio. Su técnica va muy bien con la historia que se quiere contar, incluso aporta un matiz anímico a la narración, pero, también es cierto, que muchas escenas (encerradas en pequeñas viñetas) son confusas por cuanto uno es incapaz de diferenciar qué se encierra en ese marco (¿una mancha?). En ciertas ocasiones se advierte (igual son imaginaciones mías) algo de cansancio o pereza en el dibujante, que se limita a plasmar perfiles toscos, totalmente entintados, sin detalle alguno, o personajes “descabezados”, cuyo lenguaje corporal no aporta nada y es (¿casi?) una viñeta que sobra.

Hay muchos y variados ejemplos de lo que trato de explicar, pero ya está bien.

Lo que es indiscutible es que estamos ante un autor de altura. ¿Leeré más de Bendis? La respuesta, a la fuerza, ha de ser afirmativa. Así de simple.

Lectura de 20 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757,5 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 10º
  • Higrómetro: 51%

jueves, diciembre 15, 2016

«Tripping», Robbie Williams



First they ignore you
Then laugh at you and hate you
Then they fight you
Then you win

When the truth dies very bad things happen
They're being heartless again
I know it's coming and there's going to be violence
I've taken as much as I'm willing to take
Why do you think we should suffer in silence?
When a heart is broken there's nothing to break

You've been mixing with some very heavy faces
The boys have done a bit of bird
They don't kill their own
And they all love their mothers
But you're out of your depth son have a word

I know it's coming and there's going to be violence
I've taken as much as I'm willing to take
Why do you think we should suffer in silence?
The heart is broken there's nothing to break

All is wonderful in past lives
Dreaming of the sun she warms,
You should see me in the afterlife
Picking up the sons of dust

When you think we're lost we're exploring
What you think is worthless
I'm adoring
You don't want the truth the truth is boring
I've got this fever, need to
Leave the house
Leave the car
Leave the bad men where they are
I leave a few shells in my gun
N' stop me staring at the sun....

I know it's coming and there's going to be violence
I've taken as much as I'm willing to take
Why do you say we should suffer in silence?
My heart is broken there's nothing to break

I know it's coming and there's going to be violence
I've taken as much as I'm willing to take
Why do you think we should suffer in silence?
A heart is broken there's nothing to break

Lectura de 15 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 755,5 (Variable). Encapotado
  • Termómetro: 13º
  • Higrómetro: 51%

miércoles, diciembre 14, 2016

Ficha de fauna: Cormorán grande




Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Aves
Orden: Suliformes
Familia: Phalacrocoracidae
Género: Phalacrocorax
Especie: P. carbo



Su presencia es obligada en puertos y rías. Su estilizado y alargado cuerpo desaparece aquí y aparece acullá, tras sondear por debajo de la superficie en busca de su alimento favorito: peces y crustáceos; o bien sobre una roca, terminada la faena de llenarse el buche, con las alas extendidas, como un orante al Sol, esperando que los cálidos rayos sequen su plutónico plumaje.

El cormorán es una de mis aves marinas favoritas y me pareció la indicada para ser la primera en ser reseñada en estas Fichas de fauna.

Conocido en algunos lugares como cuervo marino moñudo, el cormorán es un ave común en Europa, Asia y América del Norte, que gusta de las costas, pero también de las orillas de ríos y de las zonas pantanosas.

El cambio climático está permitiendo que muchas especies migratorias adopten el sedentarismo, siendo que el cormorán es uno de tantos animales en idéntica situación en muchas regiones del mundo, importándoles poco el mercurio.

Al observarles en determinados lugares, podemos caer en el error de creer que son individuos solitarios, mas son gregarios y se agrupan en bandadas y, en las zonas de interior, sus colonias suelen instalarse junto a las de las garzas reales (Ardea cinerea L.).

No hay marca exterior visible que nos permita distinguir entre machos y hembras. El plumaje es el mismo, al igual que su complexión y dimensiones. Ni siquiera su voz («cra, cra-a») nos facilita la tarea de identificación.

El nido lo prefieren construir en los árboles pues suponen una protección extra en comparación a las rocas. Se instala sobre los “cimientos” del antiguo y ambos miembros de la pareja trabajan recogiendo y arrancando ramitas; igualmente se alternan en la incubación de los huevos (unos cinco) que tardan entre 23 y 29 días en eclosionar. Los polluelos permanecen en el nido entre 35 y 56 días, periodo tras el cual se agrupan en bandadas y se unen a los adultos.

El cormorán grande forma parte del orden de los Suliformes, como una de las cuatro familias que lo componen: Sulidae (alcatraces y piqueros), Fregatiae (fragatas), y Anhingidae (añingas) y se reconocen hasta cinco subespecies de cormorán grande, a saber:

Phalacrocorax carbo carbo
Phalacrocorax carbo novaehollandiae
Phalacrocorax carbo sinensis
Phalacrocorax carbo maroccanus
Phalacrocorax carbo hannedae

A semejanza que con otros animales, como por ejemplo las lampreas, en ciertos puntos del planeta los cormoranes son capturados por los humanos y se emplean como arte de pesca. Consideramos interesante transcribir el relato de un tal monsieur Ballande, viajero europeo por los ríos de China, y que es recogido por un redactor de El Imparcial, allá por 1907, para ilustrar una columna de opinión y escarnio que en nada tiene que ver con los estudios de la fauna sino con los catalanistas, que ya andaban jodiendo la badana por entonces: «[…] Los cormoranes dormitan en la proa del sampán y nuestro intérprete nos hace observar que todos ellos llevan, en la parte inferior del cuello, un anillo de cobre, el cual les permite tragar pececillos u objetos de muy reducido volumen, sin dejarles pasar los de mayor tamaño.

»Con unos cuantos varazos, despierta el patrón del barco a los dormilones y enseguida todos se arrojan por las bordas y se zambullen en el agua. Momentos después, uno de ellos aparece en la superficie, trayendo atravesado en el pico un magnífico pez. Para tragárselo, lo echa por el aire y, con sorprendente habilidad, lo atrapa por la cabeza. En la imposibilidad de zamparse su presa, a pesar de los esfuerzos que hace, el malaventurado volátil empieza a revolotear alrededor de la embarcación. El patrón, entonces, le alarga un bambú, sobre el cual se posa el cormorán y regresa a bordo. No queda ya sino apretarle el cuello para que entregue el pescado y lanzarle otra vez al agua».

Se completa la crónica de la siguiente guisa: tras la falsa pesca, se sube a los cormoranes abordo y se les retira la anilla del cuello, lanzándoles un poco de pescado a modo de recompensa.

Lectura de 14 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 755 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 13º
  • Higrómetro: 51%

martes, diciembre 13, 2016

Guardia de Literatura: reseña a «La chica mecánica», de Paolo Bacigalupi

Título original: «The Windup Girl»
Segunda edición. Julio de 2011
Plaza & Janés. Barcelona
ISBN 978-84-01-339440-0
535 páginas
Bacigalupi es capaz de crear un ambiente distópico demasiado actual, por el que se desarrolla una historia que escapa al propio género de la ciencia ficción 

A medida que nos adentramos en la historia, nos despertamos en un mundo familiar, pero extraño a la vez; en un momento futuro imposible de determinar, aunque no demasiado lejano; muy en plan Harry Harrison (quizá demasiado). La Humanidad se cae a pedazos como los enormes edificios y torres de la época dorada del petróleo y las riquezas sin fin, de la Expansión y toda su tecnología; de cuando las calles se iluminaban con farolas eléctricas y los vehículos de combustión atestaban las avenidas; de un tiempo anterior al que permitió que genetistas nada cuidadosos y más leales a las directrices de las megacorporaciones a las que debían su nómina, se dedicaran a crear plagas y hambrunas, guerras por las semillas aún no esterilizadas y muerte a cambio de un sustancioso cheque que cambiar en la ventanilla de un banco de despojos. En el planeta Tierra ya no hay nada que el Hombre haya olvidado trasfigurar y mutar en una carrera de fondo hacia la destrucción total o la supervivencia más desesperada.

Caminaremos por las calles de una Bangkok rodeada de diques que frenan el océano, deseoso de devorar y sepultar la ciudad; entre rickshaws de pedales y megodontes, que no son otra cosa que elefantes modificados genéticamente, enormes moles que se hacen cargo de las tareas más pesadas como la de proveer energía y combatir en luchas armadas. Entre edificios en ruinas donde se hacinan los tarjetas amarillas (refugiados chinos de Malaca), puestos de venta de productos que cuentan con certificados falsificados de estar libres de cualquier enfermedad que campe a sus anchas fuera de los límites de la capital, en sembrados y cuerpos de hombres, mujeres y niños cremados; entre todo esto, se nos harán conocidos personajes tan dispares como un ambicioso fabricante de calorías que busca dar con el banco de semillas que permite al reino de los thais sobrevivir al hambre y a la influencia extranjera; un anciano tarjeta amarilla que trabaja para el fabricante de calorías y que tan solo pretende recuperar su pasado de esplendor realizando apuestas que no puede cubrir y llenándose los bolsillos de dinero que hace desaparecer de los libros de contabilidad; un capitán de los camisas blancas y su teniente, que luchan a diario contra la corrupción imperante haciendo uso de técnicas poco ortodoxas; un pirata genético que puede revolver el estómago de cualquiera; y Emiko, la chica mecánica, una especie de replicante a lo Blade Runner, abandonada a su suerte por su dueño y que sobrevive en un pub de mala muerte siendo objeto de las más aberrantes humillaciones y abusos sexuales que uno se pueda imaginar. Emiko no es la protagonista central, pues estamos ante un relato coral; pero sí es el personaje sobre el que convergen todos los demás, quien más quien menos, pues su mera existencia y lo que llega a hacer una noche determinada cambiará el destino de todos los habitantes de Bangkok.

Emiko se presenta como una muchacha desamparada en un mundo hostil. Su cuerpo no ha sido diseñado para el calor húmedo del Sudeste asiático y es una aberración para todo aquel que pone los ojos en ella. Una heechy-keechy cuyo único sino es acabar muerta y cremada. Un juguete desechado; un neoser que se desplaza con movimientos mecánicos y que sueña con la libertad, llegando a presentarse como el siguiente paso de la evolución humana, por encima de las enfermedades que asolan a los homo sapiens.

«La chica mecánica» le valió a su autor el alzarse con los premios Nébula, Hugo y Philiph K. Dick de literatura de ciencia-ficción, algo que no sucedía desde que William Gibson publicara «Neuromante» en 1984. Bacigalupi crea un escenario creíble y terrible, un futuro distópico que en poco tiene que ver con lo que se nos ha acostumbrado y que en poco se diferencia de nuestra actualidad, pues el dolor, el hambre, la enfermedad y la guerra son el pan nuestro de cada día en aquellas lejanas regiones tan alejadas de nuestras tranquilas fronteras y pantallas de televisión. La elección del Sudeste asiático ha sido todo un acierto, pues dota a la obra de una exotismo nada vulgar que nos sumerge en un mundo decadente, pero en el que la espiritualidad permanece inalterada.

Aunque Bacigalupi advierte que no retrata la sociedad y política actuales de Tailandia, es obvio que traslada a sus párrafos la particular idiosincrasia de este pueblo.

La trama general, en sí misma, engarza a la perfección entre muelles percutores, megodontes, terribles enfermedades infecciosas creadas en laboratorios, cheshires (evolución artificial del gato doméstico), estiércol y un horizonte bastante poco halagüeño; pero haría otro tanto en cualquier ambiente, pudiendo considerarse apta para una novela de tintes negros, incluso de thriller político en determinados instantes. No se describen comportamientos que no sean propios al ser humano de nuestro tiempo (como suele suceder en estas obras distópicas); por lo tanto, no sabemos si Bacigalupi ha disfrazado el argumento con la telas de la ciencia-ficción o lo ha hecho justo al revés. Fuera como fuese, la jugada le ha salido redonda y ha escrito una novela que atrapa al lector y taladrea su mente por medio de una narrativa ahogada por largas narraciones que arrojan luz a cada uno de los pensamientos de los personajes y que en nada hace desmerecer su lectura.

Aún así, no parece que Bacigalupi haya dedicado tiempo a trabajar a los personajes principales. Quizá Hock Seng, el tarjeta amarilla, aún con sus reiteraciones y Jaidee, el capitán de los camisas blancas, sean los mejor desarrollados; el resto no cuenta con el suficiente fondo más allá de ciertos rasgos propios y de su pasado, quedando espacios o bien en blanco o bien saturados con redundancias.

El clímax que se alcanza con el conflicto armado que enfrenta al Ministerio de Comercio con el de Medio Ambiente es intenso, mas dura poco y solo sirve para poner las cartas sobre la mesa, el punto límite de cada personaje.

Considero que la obra es merecedora del reconocimiento mundial que se le ha dispensado. Bacigalupi no es el típico escritor que da el pelotazo por el simple motivo de haber gustado a alguien cuya opinión importe al rebaño de ovejas global, sino porque posee sobrada calidad como narrador de historias; es alguien que nunca dejará de sorprender.

Lectura de 13 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 756 (Variable). Cúmulos
  • Termómetro: 12º
  • Higrómetro: 51%

lunes, diciembre 12, 2016

«Major Bowie», mi última monografía publicada

Cuando el pasado 10 de Enero de 2016 se anunció el fallecimiento de David Bowie, sufrí una sacudida. Creo que pocos se libraron de ella, aunque cada uno la recibió a su manera. Desde aquel mismo instante tuve la necesidad e inquietud de honrarle de alguna forma y mi primera opción fue la de dedicarle un artículo en el blog Navegante del Mar de Papel, aprovechando la nueva senda abierta para tratar del Espacio y todo lo que lo rodea: quería hablar de sus canciones dedicadas a Major Tom, aquellas otras que interpretaba Ziggy Stardust… Quería hacerlo de una manera diferente, por lo que pronto me di cuenta de que un triste post en un blog no haría justicia alguna, sobre todo cuando comencé a escribir y a investigar. Quizá el convertirlo en un libro fue la idea original, soterrada por capas de pensamientos más o menos afortunados, pero me llegó la luz un poco tarde. Aún así, aquí está el fruto de mis desvelos: «Major Bowie: La influencia de la ciencia-ficción y la carrera espacial en la vida y música de David Bowie», que, a fecha de hoy, está publicada en Createspace en formato tapa blanda y en breve en ebook a través de KDP Amazon.

En sus 74 páginas describo su biografía desde la óptica de la influencia de la ciencia-ficción, la carrera espacial y su interés por el fenómeno OVNI, además de reseñar quince singles muy vinculados al tema que trato.

Es, en definitiva, una nueva forma de descubrir la obra de mi cantante favorito, de saber qué se escondía tras tanto maquillaje y melodrama, también de descubrir algunas de las claves de sus últimos mensajes.

Ahora, solo espero que alguno de vosotros sintáis la punzada de la curiosidad por saber de este David Bowie inédito.

Os enlazo a la página de venta de AMAZON, por si os interesa: http://amzn.eu/9FnNEl9

Lectura de 12 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 13º
  • Higrómetro: 51%

12 de Diciembre de 2016







miércoles, diciembre 07, 2016

Guardia de cine: reseña a «Zootrópolis»

Título original: «Zootopia». 2016. Animación, acción. 108 min. EEUU. Director: Byron Howard, Rich Moore, Jared Bush. Guión: Byron Howard, Rich Moore, Jared Bush,Jim Reardon, Josie Trinidad, Phil Johnston, Jennifer Lee

«Zootrópolis» maneja tramas con las que los niños han de ir tomando ligero contacto, pero que entretienen, ahondando más allá de la superficie, a los más adultos. Encontramos gags con los que los guionistas de ríen de los propios clásicos de Disney, además de otros referidos a temas tan angulosos como son el sexismo, el bullying, el racismo, el mobbing laboral, la corrupción política o la manipulación de la sociedad, a lo que ha de sumarse una crítica nada soterrada al sistema burocrático

Mi bienintencionada y paternal recomendación (que no parece venir a cuento para la presente reseña, pero dadme cancha) para todos aquellos que tengáis un mínimo conocimiento en Informática e Internet es que os lo calléis; que guardéis tal secreto con el celo propio de un avaro dragón, pero, ¿para qué sirve mi consejo si muchos ya habréis sufrido en vuestras magras o rechonchas carnes las desagradables consecuencias de sucumbir al pecado de la presuntuosidad propia, de alardear ante amigos y desconocidos o de no importarnos ser un pardillo bonachón y manipulable al que plantar y regar durante horas frente a un monitor “atascado”? Si sois de estos, entonces os resultará familiar hasta la náusea ese interesado ruego que acaricia el pabellón auditivo para que descarguéis (sí, parche al ojo, pata de pato y pinta de malo, aunque ya no me preste a ello), tal o cual producto reducido a millares de bits, ¿no? Pues en una de estas me encontraba yo hace un tiempo, recién revelada al mundo mi escasa pero suficiente destreza en estas bahías virtuales, cuando me llegó la siguiente petición del público:

—¿Me puedes descargar el disco de los Cantajuegos para mi hijo?

—¿Los Cantajuegos? —respondí con otra pregunta, sacándole brillo a la mueca con la que daba a entender que no tenía ni pajotera idea sobre qué me estaba hablando el colega.

—Sí, los de la canción del «Arca de Noé» —explicó el tipo mostrándome las palmas de las manos en señal de sorpresa—. Los que salen en la tele. ¡¿Tú qué clase de televisión ves?!

Por un instante pensé (con razón) que me estaba tomando por un extraterrestre o algo más raro aún.

—Pues veo una televisión de adultos —bufé con descaro y con el peso de un cansancio acumulado durante varias y funestas horas de trabajo.

Una de adultos… 

Sin embargo, la inagotable variedad de canales de TDT sin nada que ofrecer me ha abocado a hacer bailar los dedos sobre el teclado del mando a distancia y acabar en aquellos distantes puntos brillantes que tienen por destinatario principal a un público formado por desprevenidos impúberes que se pegan a la pantalla para recibir su chute diario de formas extrañas y colores chillones. Así, me gusta pasar el rato visionando «Historias corrientes» o «El asombroso mundo de Gumball», cuyos argumentos poco o nada tienen que ver con niños, más allá de «Los Simpsons» (dibujos para adultos aunque muchos no se hayan ni dado cuenta de ello pues yo, personalmente, puedo susurrarle al oído a quien quiera (pues no lo haré de viva voz para no ser la mecha que prenda alguna nueva cruzada de tontos meapilas y puritanos sobrados de demasiado tiempo libre) dos capítulos en los que se hace alusión expresa al sexo oral y otros cuantos otros emperifollados con lindezas varias que pasan de largo por los oídos infantiles y los adultos más duros, pero no para otros también adultos pero más avispados).

Esta clase de entretenimiento, al igual que los clásicos cuentos, buscan la ilustración y resolución a problemas complejos que resultan ser más completas cuanto más adulto es el destinatario, sobre todo si observamos desde la óptica de una interpretación extensiva, de esas que cuesta llegar pues hay que pensar.

«Zootrópolis» es otro tanto pues maneja tramas con las que los niños han de ir tomando ligero contacto, pero que entretienen, ahondando más allá de la superficie, a los más adultos. Encontramos gags con los que los guionistas de ríen de los propios clásicos de Disney junto con enfoques a temas tan angulosos como son el sexismo, el bullying, el racismo, el mobbing laboral, la corrupción política o la manipulación de la sociedad, junto con una crítica nada soterrada al sistema burocrático (al final pilló el chiste de la camella;  menos mal). Posee mejor argumento que muchas películas de acción real para adultos de temática policial, al igual que sucede con «Cars 2», cuyo guión respecto a Mate hace palidecer a más de una entrega de la saga James Bond, y se emplea un lenguaje que habría causado cierto revuelo si hubiera formado parte del guión de una película actual de acción real, pero, como en «The Twiligth Zone», la ausencia de entes humanos permite burlar todo impedimento. 

La lección con la que se quedarán los niños, y que es muy importante, es que pueden llegar a ser lo que quieran, sin tener que importarles lo que digan o piensen los demás; tan solo han de empeñar ilusión y esfuerzo en conseguirlo (algo de lo que carecen, por lo visto, demasiados especímenes de los que componen nuestras nuevas generaciones). Pero los adultos con barriga cervecera habremos disfrutado de la película a más niveles (como con «Phineas y Ferb»), ya sea porque la Disney ha comprendido que ha de mantener a los padres en las butacas y seguir provocando un placer inocente a través de las retinas, ya sea por otra cosa que se escape a mi entendimiento;.

Por último, me uno gustoso, y de paso, al coro que glorifica la indulgencia del héroe anónimo que ha logrado eliminar cualquier escenita en la que los protagonistas den el cante con un número musical, el cual se deja reducido a una canción en los títulos de crédito con una Shakira travestida, transformada… (léase como se desee) en una gacela e interpretando una pieza musical en suahili, nepalí o coreano o yo qué sé.

Lectura de 7 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 757 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 12,5º
  • Higrómetro: 51%

lunes, diciembre 05, 2016

jueves, diciembre 01, 2016

«Dreamboat Annie», Heart



Heading out this morning into the sun
Riding on the diamond waves, little darlin' one

Warm wind caress her
Her lover it seems
Oh, Annie
Dreamboat Annie my little ship of dreams

Going down the city sidewalk alone in the crowd
No one knows the lonely one whose head's in the clouds

Sad faces painted over with those magazine smiles
Heading out to somewhere won't be back for a while

Lectura de 1 de Diciembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 754 (Variable). Cúmulos
  • Termómetro: 12,5º
  • Higrómetro: 51%

miércoles, noviembre 30, 2016

Brevísima reseña biográfica de Robert Fulton

Sin haber sido nuestra intención, se ha colado constantemente y por el medio — como una nota al margen o glosa, como una frase sin la cual no podríamos continuar—, el bueno del señor Robert Fulton. Le hemos llegado a nombrar hasta en dos de los últimos artículos publicados en este blog: por un lado, cuando hablamos de la curiosa y particular génesis de la idea de la navegación a vapor propugnada por el marqués de Jouffroy d’Abbans y, por otro, cuando escribimos la ficha de fauna marina correspondiente al molusco conocido por nautilo

No vamos a discutir si las casualidades existen o no, pero, como hacían los antiguos romanos, vamos a curarnos en salud, rezar a todos los dioses y escuchar las voces que nos llegan con insistencia y, de paso, poner a su disposición un poco de habilidad literaria y espacio virtual en la sección de Apuntes.

Robert Fulton nació el 14 de Noviembre de 1765 en Little Britain, Pensilvania (Colonias británicas norteamericanas, luego los Estados Unidos de América), fruto del matrimonio compuesto por dos emigrados irlandeses. 

De niño se inició como aprendiz de platero en Filadelfia, pero pronto desarrolló mayor interés por la pintura, tanta que emigró a Inglaterra para continuar estudios en Bellas Artes, mas fue al llegar al corazón de la Revolución industrial cuando encontró su verdadera vocación: la ingeniería civil, obteniendo la titulación correspondiente en 1795.

Aunque desarrolló cantidad de proyectos de canalización de aguas, que llegó a proponer a las autoridades francesas, es más recordado por sus ingenios navales que, primero, propuso al Directorio y, luego, al Gobierno consular. Su intención principal era la de obtener patrocinio para dos proyectos llamados a ser revolucionarios, pero que eran demasiado para las mentes de aquel momento: la bomba submarina llamada torpylla o torpedo y el barco submarino Nautilus*1.

A pesar de la demostrada funcionalidad de sus inventos, los comisionados galos recibieron los logros de Fulton con la misma calidez que mostraron cuando admiraron el barco a vapor de Jouffroy d’Abbans. Quizá inspirado por este marqués de funesto destino, Fulton, queriendo poner la Fortuna de su lado, revolvió los papeles y planos de un proyecto que le desveló durante 1793: un navío impulsado por la fuerza del vapor. El Monstruo o Locura de Fulton (según sus detractores) se construyó y probó en las aguas del río Sena, con éxito, el 9 de Agosto de 1803, pero el ambicioso ingeniero tan solo recibió por respuesta la fría y húmeda bofetada del rechazo institucional*2.

Totalmente desengañado, Fulton regresó a los EEUU en 1806, probando al año siguiente, en las aguas del río Hudson, el buque Clermont. Este primitivo navío, que desarrollaba una velocidad de dos nudos, realizó un viaje de demostración entre Nueva York y Albany, ante el regocijo de todos los curiosos.

Queriendo entregar a su país el secreto de sus conocimientos sobre la navegación a vapor, Fulton comenzó la construcción de una fragata para la Marina de guerra, la Demalogos*3, además de sentar las bases de las canalizaciones hidráulicas que se desarrollarían durante el s. XIX en los EEUU.

Robert Fulton falleció en 1815 a los cincuenta años de edad.

Lectura de 30 de Noviembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 753 (Variable). Estratos
  • Termómetro: 11º
  • Higrómetro: 51%

martes, noviembre 29, 2016

Guardia de ensayo: reseña a «Antes que nadie», de Fernando Paz

Libroslibres. Madrid, 2012
246 págs.
ISBN 978-84-92654-99-4
Conjunto de historias que debían ser de conocimiento de todos y que Fernando Paz reúne en un libro cuyo subtítulo engarza a la perfección con el resultado final

Fernando Paz, profesor e historiador, firma una obra corta que luce un ostentoso subtítulo que reza de la siguiente manera: «Aventuras insólitas de unos españoles que quisieron ser demasiado», el cual, por desgracia, se puede aplicar, en su tramo final y en negativo, sin restarle una sola letra, al conjunto de historias de la Historia que se visten con las fastuosas tapas de una escena de caballería inmortalizada por los pinceles y el buen arte de Augusto Ferrer-Dalmau. Un libro que, por su génesis, no debería ni existir si aquellos que formamos la piara histórico-cultural, tantas veces informe como acomplejada, que se llama España tuviéramos, aunque fuera en cantidad irrisoria, algo de orgullo nacional al más puro, rancio y simple estilo inglés o, si no es menester hacer tal largo camino y cruzar las aguas para alcanzar la pérfida Albión, del que se encuentra al Norte de los Pirineos o al Sur del río Miño; historias que debían ser de conocimiento de todos y cada  uno de nosotros hasta la náusea o que, al menos, nos “sonaran”.

Pero el trabajo de Paz no es que sea erudito ni un producto que cumpla con las expectativas anunciadas a la hora de trasegar la introducción y prólogo. Digamos, antes de nada, que el cuadro de los Farnesios a la carga, aunque espectacular y con garra, es la miel dispuesta en la trampa por el cazador editorial, pues el libro es eminentemente naval y dedicado casi por completo a la era dorada de la navegación y los descubrimientos geográficos, pasándose por encima de aventuras hispanas quizá más alocadas, por mucho que haya algo de espacio para hazañas desconocidas en África o embajadas a cortes exóticas. 

Se aprecia un frustrante empeño por no entrar al detalle en acontecimiento alguno, más allá de anécdota, sin aportar nada a mayores a un conjunto de escasos y curiosos datos, cabos de los que el lector investigador puede tirar (al menos). Resulta que acaba siendo un exagerado trabajo de sinopsis.

Pero, sin duda alguna, lo peor que podemos encontrar en el libro son las profundas cicatrices en el texto, causadas por un cicatero cariño a la edición, pues las erratas son legión y las reiteraciones terminan siendo sombríos y constantes acompañantes. Un grito descarnado se arrastra como un alma en pena a lo largo de los capítulos, suplicando correcciones, sinónimos y otras perlas, que en nada me resultan desconocidas como autor que soy de ensayos históricos, sabiendo bien que emana de dos únicas razones, censurables o no según para quién: la más comprensible es la del cansancio y el estrés acumulados por el autor, a quien, probablemente, le han “encargado” en exclusiva la labor de corrección (con las penalizaciones y penalidades que esto supone) una vez aceptado el primer borrador; y la segunda, más grave y denunciable, es una desatención absoluta por parte de la editorial en cuanto a la corrección orto-tipográfica y de estilo, algo que parece ser parte del menú diario de ciertos sellos. Pruebas de todo lo que afirmo las podemos hallar con exasperante contumacia en el último capítulo, dedicado a la Contraarmada inglesa de 1589, con la intercalación de varios párrafos seguidos en los que se dice siempre lo mismo y que sirven como preámbulo acelerado, a traspiés, para alcanzar un punto y final que deja al lector pasando la página para ser atropellado por la extensa bibliografía.

Innegable y digna de aplauso y reverencia es la honorable intención del autor por rescatar hechos y hombres de entre el cieno del olvido en el que chapoteamos como gorrinos pusilánimes; para que oigamos los nombres de personajes que son más recordados y admirados en países distintos a aquellos en los que les vieron nacer, pero he de ser fiel a mis impresiones y el libro deja en ciertos aspectos bastante que desear, siendo una lectura incómoda por su estilo.

Lectura de 29 de Noviembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 751 (Variable). Despejado
  • Termómetro: 10º
  • Higrómetro: 51%

jueves, noviembre 24, 2016

«Crazy Little Thing Called Love», Queen



This thing called love I just can't handle it
this thing called love I must get round to it
I ain't ready
Crazy little thing called love
This (This Thing) called love
(Called Love)
It cries (Like a baby)
In a cradle all night
It swings (Woo Woo)
It jives (Woo Woo)
It shakes all over like a jelly fish,
I kinda like it
Crazy little thing called love

There goes my baby
She knows how to Rock n' roll
She drives me crazy
She gives me hot and cold fever
Then she leaves me in a cool cool sweat

I gotta be cool relax, get hip
Get on my track's
Take a back seat, hitch-hike
And take a long ride on my motor bike
Until I'm ready
Crazy little thing called love

I gotta be cool relax, get hip
Get on my track's
Take a back seat, hitch-hike
And take a long ride on my motor bike
Until I'm ready (Ready Freddie)
Crazy little thing called love

This thing called love I just can't handle it
this thing called love I must get round to it
I ain't ready
Crazy little thing called love

Lectura de 24 de Noviembre de 2016 a las 1200 horas



  • Barómetro: 745 (Viento-lluvia). No para de llover
  • Termómetro: 10,5º
  • Higrómetro: 50%

24 de Noviembre de 2016



miércoles, noviembre 23, 2016

Ficha de fauna marina: Nautilo



Nautilus pompilius


Reino: Animalia
Filo: Mollusca
Clase: Cephalopoda
Subclase: Nautiloidea
Orden: Nautilida
Familia: Nautilidae
Género: Nautilus

El término griego nautilus (marinero) se ha incorporado a nuestro acervo popular gracias a Julio Verne y al aparato que concibió para que fuera capitaneado por uno de sus antihéroes por excelencia: el capitán Nemo. Todos, al escuchar dicha palabra, giramos el cuello de nuestros pensamientos hacia ese submarino, más si cabe gracias a la versión de Disney de los años 1950.

El nautilo, como animal cefalópodo y fósil viviente, cuya existencia ya se registraba y analizaba en el s. XVIII (descubierto por el sueco Carl Nilsson Linnaeus en 1758), inspiró a grandes mentes de la Ilustración científica, llegando una publicación como el Diario de Madrid a afirmar que este molusco guiaba, por su forma, no solo los avances en la navegación aerostática, sino que hasta en la de la vela. Quizá los editores de este Diario científico de la capital se pasaron unos pueblos, pero ahí quedó su reseña en 1793.

Se considera que Verne bautizó a la terrible y enigmática máquina de guerra de Nemo inspirándose en el animal al que vamos a dedicar este artículo; y para nada (o quizá sí) en homenaje al navío sumergible de nombre Nautilus diseñado por el norteamericano Robert Fulton quien, además de desarrollar la navegación a vapor, hizo otro tanto con la submarina en 1800, sufriendo el rechazo institucional como otros tantos pioneros llevados por el sueño de conquistar los abismos insondables del mar. O , ¿fue en honor al submarino Nautile, de los hermanos Coussin?

Bien parece que el nautilo contaba en su interior con el secreto que hoy día permite a los submarinos ser operativos y resulta curioso que, contando con auténticos ases técnicos de estos buques, como fueron Isaac Peral o Narciso Monturiol, ningún submarino de la Armada española recibiera tal denominación, salvo una corbeta escuela en el s. XIX y una corbeta de escolta ya en el XX. Mas éste no es el tema de esta disertación.

Verne describe a su Nautilus, por boca de los aterrados testigos, como un monstruo inimaginable que surgía de las profundidades con una sed de sangre humana insaciable. Una bestia escapada de entre las páginas de los Bestiarios de siglos anteriores, que emerge a la superficie en una época de avance sin parangón de las Ciencias, incluidas las naturales. Pero no estamos ante un “bicho” tan terrible.

Aunque parezca raro de creer, el nautilo es un molusco de la misma clase que el pulpo. Quizá lo más llamativo a este aspecto sea su concha en espiral (de entre 25 y 30 cms.), que le sirve de habitáculo, pero también —gracias a su forma interna, dividida en distintas cámaras mediante tabiques (septa), le permite llenar de lastre (agua) o de nitrógeno—, para descender o ascender, siendo un animal que controla a la perfección su flotabilidad, dirigiéndose a voluntad mediante un sistema de chorro de agua. Dichas cámaras se comunican con un tubo o sifón membranoso revestido de una capa muy delgada de nácar, llamado sifúnculo, siendo que la última de las mismas es la que ocupa el propio animal.

Su concha es ligera y amplia, simétrica y de color crema con bandas rojizas. Su interior es de nácar.

El hábitat que le es propicio se encuentra en aguas tropicales, a cierta profundidad (entre 300 y 400 metros), entre acantilados de corales, pues gusta de zonas con temperaturas bajas (unos 7ºC), abandonando dicha zona de confort por las noches para dedicarse activamente a alimentarse de moluscos y peces ya muertos. Se sirve de sus múltiples tentáculos sin ventosas (entre 60 y 90, si es macho o hembra) para agarrar sus presas inanimadas y de su pico de loro para triturarlas, pero es incapaz de defenderse como otros cefalópodos, pues carece de bolsa de tinta.

La cópula se realiza a través de un tentáculo del macho, fertilizando las huevas de la hembra, que eclosionan a los 9 meses.

Cuando la vida de un nautilo llega a su fin, el cuerpo se desprende de la concha y queda flotando, a merced de los carroñeros.

Se han descubierto y catalogado varias especies de nautilo, como son las siguientes:

Nautilus belauensis
Nautilus clarkanus (extinto)
Nautilus cookanum (extinto)
Nautilus macromphalus
Nautilus pompilius
Nautilus praepompilus (extinto)
Nautilus stenomphalus