miércoles, marzo 15, 2017

Ficha de fauna: tiburón zorro


Tiburón pelágico (Alopias Pelagicus)


Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Chondrichthyes
Orden: Lamniformes
Familia: Alopiidae
Género: Alopias

En mi afán de profundizar en estas fichas de fauna, hacía tiempo que tenía en mente tratar el amplio mundo de los tiburones, unos seres prehistóricos, auténticos fósiles vivientes, cuyas mandíbulas han provocado más de una pesadilla y de una mancha en los pantalones gracias al amigo Spielberg; además de ganarse una mala fama bastante infundada.

Por cuestiones de mera curiosidad, hoy trato al conocido como tiburón zorro.

El tiburón zorro, independientemente de su especie (común, pelágico y de ojos grandes), parece tener muchas partes de su cuerpo, que puede llegar a pesar 500 kilos, bastante desproporcionadas: está provisto de dos globos oculares de un tamaño tal que le permite la visión a grandes profundidades, además de anchas aletas pectorales y una exagerada aleta caudal (en contraste con su diminuta boca).

Su hábitat natural es el mar abierto en aquellas zonas cálidas del planeta, donde puede hacer uso de su especial fisonomía para desplazarse a gran velocidad por los abismos (pudiendo descender hasta los 550 m. de profundidad), aunque se suelen encontrar ejemplares jóvenes en los arrecifes de coral cercanos a la costa, enclaves adecuados para la caza, siempre surtidos de presas.

Su forma de alimentarse en muy interesante, pues se sirve de la aleta caudal, con la que guía a las asustadas presas, las agrupa y golpea, aturdiéndolas. Su boca es pequeña, provista de diminutos pero fuertes dientes con forma de gancho, por la que trasiegan peces, octópodos, crustáceos y aves marinas que nadan tan tranquilas por la superficie.

Su reproducción no es menos fascinante. La hembra está provista de dos úteros donde se desarrollan los hijos en sacos individuales, siendo lo más común que dé a luz dos pequeños tiburones (aunque ha llegado a verse parir cuatro ejemplares). Ponen varios huevos, pero siendo las crías oofagas, la más grande y desarrollada, cuando termina de alimentarse de la yema, se dedica a devorar a sus desprevenidos y débiles hermanos dentro del útero.